RŌMAJI. Breve recorrido de su historia.

Los que se han embarcado en la aventura de estudiar japonés, no se sorprenden de tener que aprender hiragana, katakana y kanji. Además de eso, también se emplea nuestro abecedario, lo que se ha llamado rōmaji.  El origen de estos diferentes sistemas de escritura es variado, aunque los tres anteriores parten de los caracteres chinos o kanji, importados de China.

El rōmaji fue ideado por los misioneros portugueses en el siglo XVI, y era usado para escribir y aprender el idioma para expandir la fe. Primeramente fue creado por Anjirō, un japonés que vivió en el siglo XVI y se convirtió al cristianismo gracias al contacto con el misionero español Francisco Javier. Gracias a esta tarea de romanización se redactaron documentos como Nippo jisho, un diccionario japonés-portugués escrito en 1603 que recoge de manera bastante extensa una romanización del japonés (rōmaji). Se denominó rōmaji (lit. letras de roma) por ser el alfabeto latino que se empleaba en la antigua Roma.

La primera romanización del japonés se hizo enfocada a la pronunciación del portugués de esa época. De hecho, para que los misioneros pudieran aprender el idioma, los nativos japoneses escribían en katakana cómo se pronunciaba el japonés, y después las escribían en nuestro alfabeto, de letras romanizadas. Así es como nació el rōmaji. Sin embargo, este rōmaji era distinto a como lo conocemos hoy, adaptado al portugués como decíamos más arriba. Es por esto que podemos leer textos en un japonés romanizado pero que cuestan de pronunciar e intuir, como se ve en la siguiente imagen.

Más adelante, en el periodo Edo, los holandeses hicieron su romanización al holandés, y lo mismo ocurrió con el alemán y francés. Sin embargo, con la persecución del cristianismo a finales del siglo XVI, el rōmaji fue cayendo en desuso. Posteriormente empezó el periodo de sakoku o aislamiento nacional, que duró de 1633 a 1853.

Después podemos seguir hablando de la evolución del rōmaji a partir del siglo XIX, con el misionero estadounidense James Curtis Hepburn. Llegó a Japón en el 1859 como médico misionero, y elaboró lo que sería el primer diccionario inglés-japonés. El sistema de romanización del japonés que usó en su diccionario se basaba en los sonidos del inglés. Una organización llamada rōmajikai, que quería promover el uso del alfabeto romanizado como sistema de escritura para el japonés en una era de apertura y modernización, fue asesorada por el mismo Hepburn, y se adaptó el sistema de romanización que Hepburn creó. Este nuevo sistema se popularizó y es el sistema hepburn como lo conocemos hoy.

Sin embargo, algo que llama especialmente la atención es el hecho de que, aunque el sistema hepburn es el más usado y extendido, en realidad el reconocido a nivel oficial es el llamado nihon shiki. Este nuevo sistema surgió a raíz del hepburn, y fue creado por los propios japoneses para transcribir su idioma. El hepburn se usó como furigana, una ayuda de pronunciación para los extranjeros, y su forma de representar los sonidos del japonés era más similar a otros idiomas, haciéndolo más cercano a quienes lo aprendían. Por este motivo los japoneses crearon un sistema de transcripción más cercano a su lengua, el nihon shiki. Sin embargo, la popularidad de la que gozó el hepburn hizo complicado pasar de un sistema a otro.

Con la existencia de los dos sistemas, el gobierno japonés creó un nuevo sistema que los unificaba, el kunrei shiki. Este sistema es enseñado actualmente en las escuelas de primaria japonesas, y es reconocido como el oficial, pero en la práctica el hepburn es el más empleado, aunque sigue habiendo libros y diferentes documentos que emplean el nihon shiki o el kunrei shiki.

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