En este blog nos encantan los samuráis, y una parte igual de interesante son las mujeres de armas o las onna bugeisha. Estas mujeres eran entrenadas en el uso de diferentes armas, y fueron claves como parte de la fuerza militar de su época.

¿Las mujeres usaban espadas?
Conocemos a los samuráis, guerreros masculinos, pero ¿había mujeres samuráis? Había casos en los que, así como los samuráis, mujeres hábiles en el uso de las armas pasaban a servir a un señor feudal. Pero por lo general, en las familias de samuráis las hijas de estas familias aprendían artes marciales y cierto grado de defensa personal por guardar etiqueta. Y no sólo por etiqueta; esto también respondía a una necesidad.
A lo largo de la historia de Japón se puede ver la gran rivalidad que había entre los daimyōs o señores feudales, que competían entre sí. Así que los ataques y las traiciones estaban a la orden del día. Si el cabeza de familia era atacado y asesinado, había una necesidad de vengar el nombre del fallecido. La responsabilidad de llevarla acabo recaía sobre sus hijos, hermanos, esposa y demás familiares. Si no cumplían esta venganza, quedaban fuera de la sucesión y del linaje. Y aquí es donde entran en juego las mujeres de la familia: si este señor no tenía familiares masculinos, la responsabilidad caía sobre las mujeres también, o sea, su esposa, hijas y hermanas. De manera que si ellas no habían conseguido destreza en el dominio de las armas, difícilmente podrían lograr con éxito la venganza.
De hecho, se esperaba que las hijas de familia samurái aprendieran artes marciales, y lo hacían contratando a un instructor, o yendo a algún dojo mientras aún eran jóvenes. Sin embargo, no ocurría lo mismo con las familias samuráis de bajo rango. En el caso de las hijas de samuráis de bajo rango o rōnin, podían llegar a ser contratadas por algún señor feudal si su pericia en las armas llamaba la atención de algún daimyō, y se las contrataba para servirle como guardias y seguir siendo entrenadas, logrando así el éxito en su carrera
Las onna bugeisha
Por lo general, las mujeres no solían salir solas de la casa familiar, y siempre iban acompañadas de al menos una persona, pues no solían tener la capacidad de defenderse a sí mismas. A la hora de elegir guardias para que las protegieran de ataques, era preferible evitar que fuesen guerreros masculinos, para no dar pie a disputas dentro del matrimonio. Por lo tanto, las propias mujeres eran contratadas como escoltas, y aquí entran en juego las onna bugeisha. Eran mujeres contratadas como protectoras, y cuando iban a salir como escoltas, se vestían de hombres.
Dentro de la familia, las mujeres tenían diferentes funciones, y también servían como instructoras de armas. Dependiendo del han o feudo este título se llamaban de diferente forma, como besshikime (別式女), tachiobime (帯剣女) o tōyōfu (刀腰婦), etcétera.
Igual que los guerreros masculinos, no eran elegidas por el status de su familia sino por su habilidad en las artes marciales y con las armas, y sólo las que tenían ocasión de demostrar sus habilidades podían realmente ganarse la vida como onna bugeisha. Eran mujeres de la nobleza militar, y además de servir a un señor feudal también defendían sus castillos en ausencia de sus maridos, cuando iban a la guerra, y ellas mismas en ocasiones también participaban activamente en el campo de batalla. En el periodo Edo, por ejemplo, empleaban principalmente una lanza de hoja curvada llamada naginata, pues al ser larga les daba ventaja frente a enemigos que empleaban una katana. También usaban la kusarigama, una hoz con una cadena.
A la hora de ser entrenadas en el manejo de las armas, en la casa familiar se establecía un salón de entrenamiento. Las chicas que serían entrenadas eran elegidas según parecía que pudieran tener habilidad, y pasaban a ser contratadas para servir en ese área y recibir entrenamiento. De hecho, muchas onna bugeisha venían de familias que ya tenían un manejo brillante en las artes marciales, con padres dueños de un dojo, dedicados a la instrucción de armas. Además, también podían ir a algún dojo a aprender, igual que lo hacían los hombres, pero por lo general no entrenaban juntos.
Su papel en la historia
Históricamente están documentadas a partir del siglo XII. La mayoría lucharon en las Guerras Genpei (1180-1185) o durante el periodo Sengoku (1467-1568), ambas guerras civiles entre los clanes que gobernaban Japón. No obstante, hay figuras anteriores, aunque todavía están envueltas en un halo de misterio.
Eran contratadas durante las guerras, pero en periodos de paz el desarrollo de las artes marciales era visto como una forma de cultivar su mente y su cuerpo. El periodo en el que mayor presencia tuvieron fue en el sengoku (1467-1568), pues las constantes guerras de este periodo requirieron de ellas estar preparadas en cualquier momento para pelear, defender su castillo y su familia.
Durante el shogunato Tokugawa (1603-1868) estas onna bugeisha desempeñaron un papel como burócratas: eran las administradoras del patrimonio y se encargaban de educar a los hijos. En este periodo de relativa estabilidad los guerreros ya no buscaban en su esposa a alguien capaz de proteger a la familia y al feudo, por lo que se redujo la práctica de las armas entre las mujeres. Este entrenamiento marcial pasó a ser más una disciplina que algo con una finalidad práctica. Por último tenemos el siglo XIX, con la Restauración Meiji, periodo marcado por las cruentas batallas entre el shogunato y el emperador. Como comentábamos en otro artículo, los samuráis llegaron a su fin cuando terminaron estas disputas, y con ello las onna bugeisha. Se dice que la última onna bugeisha fue Yae Nijima, quien también participó en la Primera guerra sino-japonesa y en la Guerra ruso-japonesa.
Emperatriz Jingū (s. III-IV)
La primera figura de la que podemos hablar es la emperatriz Jingū, quien se cree que vivió entre los siglos III y IV, y lideró la conquista de la península de Corea. Es una figura incierta, pues sólo se tienen fuentes literarias que hablen de su existencia. Sin embargo, inspiró la forma de las onna bugeisha, incluso el uso de la naginata.
Antiguamente, la península de Corea estaba dividida en 3 reinos, y según el Nihon shoki Jingū escuchó la voz de los dioses que le ordenaban conquistar los tres reinos. Aparece también registrado el discurso que dio a su ejército antes de iniciar la conquista: “soy una mujer y soy inexperta, y por un tiempo me volveré un hombre. Tenemos que hacer que este maravilloso plan salga bien. […] Si lo logramos, queridos sirvientes, el mérito será de todos nosotros. Pero si no lo logramos, que la culpa caiga sobre mí”. Finalmente logró conquistar los tres reinos porque los reyes se rindieron ante su ejército sin luchar
Nakazawa Koto (??-1927)
Otro personaje del que sin duda tenemos que hablar es Nakazawa Koto. No se sabe exactamente cuándo nació, pero vivió los periodos Edo, Meiji Taishō y Shōwa, y falleció en 1927.
Nació en el distrito de Tone, en la prefectura de Gunma, y su padre dirigía un dojo de kenjutsu. Desde pequeñita aprendió este arte, y pronto superó a su padre, quien era el maestro. En 1863 fue nombrada guardia del shōgun, para acompañarlo a Kioto, y tiempo después, ella y su hermano recibieron una invitación a unirse al grupo armado Rōshitai. Ella decidió vestirse como un hombre e ir con su hermano a Kioto. Fue exitosa en esta doble vida, pero un detalle importante es que medía 1,70, lo cual es muchísimo incluso hoy para un japonés, y las equilibradas facciones de su cara en ocasiones hacían peligrar su doble identidad.
Después se unió al grupo Shinchōgumi, guardias creados por el shogunato en Edo, para combatir la conflictividad en las calles y defender al shogunato. En su carrera militar participó en diferentes conflictos, como en la Guerra Boshin, y su hermano registró que en el ataque a la residencia de Satsuma le cortaron el talón del pie izquierdo. Otro detalle curioso sobre ella es que tenía muchos pretendientes, y los que le pedían matrimonio se batían en duelo con ella, y ella les decía: “¡no puedo casarme con alguien más débil que yo! si quieres casarte conmigo, derrótame”. Al final, ninguno pudo derrotarla y vivió soltera durante su vida, aunque se cree que llegó a casarse en una ocasión.
Chiba Sana (1838-1896)
Otra mujer destacada es Chin Sana. Nació en el seno de una familia samurái, con padres fundadores de un dojo. Su padre, Sadakichi, era hermano del fundador del estilo Hokushin Ittō-ryū, un estilo de kenjutsu. Se crió en Yaesu, Tokio, donde sus padres abrieron el dojo. Aprendió el estilo itto-ryū junto a sus hermanos y hermanas desde pequeña y artes marciales. Era muy buena en el uso de la espada corta o kodaichi, y a los 14 años obtuvo la licencia que reconocía su dominio de la espada.
Aprendía naginata de su hermana mayor, y su padre puso un gran esfuerzo en que ella llegase a dominar la lanza, y ella también dedicaba mucho tiempo a entrenar, midiéndose con muchos oponentes. Vivió como una experta en artes marciales, instructora de kenjutsu, naginata y también enseñaba las artes marciales de la familia Chiba. Se decía de ella que era increíblemente hermosa, y era llamada “la belleza demonio”. Una anécdota sobre su vida es cuando fue a Uwajima como maestra de naginata a los 19 años, para enseñar a la hija de un señor feudal de la familia Date. Tuvo la oportunidad de luchar contra un señor feudal, Date Sōei, quien en ese momento tenía 27 años, y fue Sana quien ganó.
Además de dedicarse a las artes marciales, también creó su propio negocio de tratamientos con moxa, el cual ha sido regentado por la familia Chiba hasta 1970. Finalmente, falleció a los 59 años, y también fue muy diestra en la equitación, pintura y tocando el koto.
Sin duda, en la historia de Japón hubo muchas más onna bugeisha que las que hemos recogido en este artículo, y de hecho muchas adoptaron nombres masculinos. Así que seguramente muchos nombres masculinos que aún no se han podido identificar correspondan a mujeres que lucharon por Japón.



