La película El último samurái es muy conocida entre los amantes del mundo japonés. Ambientada en el año 1876, en esta historia un ex oficial del ejército americano es contratado por el emperador japonés para entrenar a sus soldados en las armas modernas. Pese a ser contratado para acabar con los samuráis, finalmente acaba adoptando su manera de vivir y pasa a ser un samurái más.
Entre los entendidos de historia japonesa, no es contada entre las opciones más fieles a lo que fue la realidad. Por tanto en este artículo indagaremos un poco más acerca del origen de esta película y haremos un breve bosquejo de lo que vivió Japón en el periodo abarcado en la película.

Inspiración de El último samurái
La narrativa de la película es una historia original escrita por el guionista John Logan. El protagonista, interpretado por Tom Cruise, toma parte de la identidad de un hombre francés llamado Jules Brunet. Nacido en 1838, fue enviado a Yokohama de manera similar al protagonista de nuestra película, para instruir al ejército del shogun Tokugawa Yoshinobu.
Sobre Jules Brunet
Jules Brunet había sido un soldado destacado en la segunda intervención francesa en México, al mando de Napoleón III. En 1867 llegó a Yokohama con esta misión, donde quedó igualmente fascinado por la cultura japonesa en un periodo de gran inestabilidad política. En este gran conflicto interno tan polarizado, se hicieron dos bandos distinguidos: el encabezado por el shogun Tokugawa, partidario de la apertura del país ante la amenaza militar del comodoro Perry, y otra liderada por el Emperador, aferrándose aún a mantener su identidad japonesa tradicional y expulsar a todos los extranjeros. Partidarios del shogun y reacios al Emperador, Jules y otros oficiales franceses lograron escapar de la cruenta persecución del ejército imperial a la isla de Ezo (actual Hokkaidō), con la ayuda de un japonés llamado Enomoto Takeaki.
Estos franceses y japonés, todavía con esperanzas de volver al shogunato renunciaron a la misión francesa original, similar a Tom Cruise, adhiriéndose a la causa japonesa. Unieron fuerzas con la idea de lanzar un contraataque, y la realidad es que fueron ganando terreno a las fuerzas imperiales llegando hasta Hakodate. A raíz de estas victorias proclamaron la República de Ezo, con Enomoto Takeaki como presidente.
Sin embargo, cuando 10.000 soldados del ejército imperial llegaron a su resistencia en Ezo, los 3.000 partidarios del shogunato no pudieron hacerles frente, y tras varios meses de resistencia, fueron derrotados. Al desvanecerse el sueño de volver al shogunato, Jules Brunet volvió a Francia y pudo continuar su carrera militar a pesar de ser juzgado por traicionar a las fuerzas francesas. Y el caso de Jules no fue algo anecdótico, pues más franceses llegaron a Japón y algunos hasta fueron aceptados en un dojo para aprender artes marciales
Última batalla en El último samurái
La épica y dramática batalla final del americano y los samurais contra las fuerzas imperiales está inspirada en la batalla de Shiroyama, donde la última resistencia samurái se enfrentó a las fuerzas imperiales y finalmente fueron derrotadas. El personaje Katsumoto Moritsugu, amigo del americano Nathan Algren, encarna a la figura histórica de Saigo Takamori, quien lideró este ataque desesperado katana en mano contra las ametralladoras del ejército imperial.
En respuesta a este intenso debate sobre el shogun o el Emperador, Saigo Takamori reunió a una especie de ejército privado de samuráis entrenados por él en sus escuelas militares, y vivieron una dura persecución por parte de las fuerzas imperiales, donde poco a poco se iban reduciendo en número sin apenas más munición que sus propias katanas. La aplastante diferencia de efectivos imperiales frente a la resistencia samurái de Takamori llevó inevitablemente a que fueran arrinconados en la colina de Shiroyama, pues se mantuvieron tenaces sin rendirse. La batalla fue tremendamente desigual, con apenas 40 samuráis en el bando de Takamori contra las tropas imperiales.
Tal y como nos muestra la película, los samuráis apostaron por su última baza: abandonar sus fusiles, tomar sus katanas y lanzarse violentamente a quienes los disparaban. Ante esta reacción tan poco lógica y carente de estrategia, lo cierto es que los soldados imperiales no supieron cómo reaccionar a estas armas tradicionales como eran las katanas, y llegaron a retroceder. No obstante, el resto de soldados equipados con ametralladoras Gatling sí lograron reducir completamente esta resistencia samurái. Saigo Takamori murió al ser alcanzado por los disparos, y con esta trágica batalla se puso fin a la existencia de los samuráis de manera efectiva.


