El origen del manga cómo cultura

Descripción de las formas de arte que se consideran “los orígenes del manga” y su progresión en el tiempo

El manga 漫画 forma parte de la cultura popular japonesa y a lo largo de las últimas décadas también se ha colado en las estanterías de nuestros hogares con las más entretenidas y variadas historias, pero ¿cuál es el verdadero origen de estos “cómics” japoneses?

Pese a que las primeras caricaturas de arte japonés que nos han llegado datan del s. VII y se encuentran talladas en el reverso de la madera del templo Hôryûji, Nara, se considera que el primer referente del manga es el emaki (絵巻) o emakimono (絵巻物) del Período Heian. Los emakimono, tal y como indica su nombre en japonés, son rollos o pergaminos de papel de seda que podían alcanzar los 25m de extensión. Contenían ilustraciones con texto e imágenes y se leían por secciones de 50cm a 70cm de derecha a izquierda. El pergamino se desplegaba gracias a los palos de madera que sujetaban ambos extremos del pergamino.

Son una de las primeras muestras de arte secuencial. Las partes escritas, eran denominadas kotoba-gaki y narraban lo que se representaba en las ilustraciones o e. Los emakimono estaban inspirados en la literatura, así que el texto caligráfico ocupaba dos tercios del rollo y era común encontrar historias con parábolas confucianas o budistas.

Los pocos ejemplares de emakimono que se conservan forman parte del patrimonio cultural japonés. Uno de los más conocidos es el chôjûgiga (lit. «Caricaturas de animales») o chôjû jinbutsu giga (lit. «Caricaturas de animales antropomorfos»). Consistía en una serie de cuatro rollos de pergamino monocromático atribuidos al sacerdote Toba Sôjô (1053-1140) en los cuales se satirizaba tanto a señores feudales como a figuras religiosas representándoles en forma de animal como ranas o monos con posturas grotescas o humorísticas (fig.1)

Figura 1 En la imagen: Scrolls of Choju Giga, Vol. 1. Frolicking Animals (detail), Heian Period, 12th century (National Treasure, Lent by Kosan-ji Temple, Kyoto)

 

que se conservan forman parte del patrimonio cultural japonés. Uno de los más conocidos es el chôjûgiga (lit. «Caricaturas de animales») o chôjû jinbutsu giga (lit. «Caricaturas de animales antropomorfos»). Consistía en una serie de cuatro rollos de pergamino monocromático atribuidos al sacerdote Toba Sôjô (1053-1140) en los cuales se satirizaba tanto a señores feudales como a figuras religiosas representándoles en forma de animal como ranas o monos con posturas grotescas o humorísticas (fig.1)

Los emakis que conforman chôjûgiga fueron muy populares entre la élite social de la época y no fue conocido por las clases populares hasta varios siglos más tarde.

En la tradición artística japonesa era común que los autores recurrieran a la sátira como crítica social. La personificación de animales la empleaban, en especial, cuando retrataban acontecimientos históricos o ridiculizaban costumbres típicas de épocas anteriores o la misma.

Era una práctica muy extendida que se adoptó de la tradición pictórica China, una prueba de ello es la elección de animales representados: la mayoría forman parte del horóscopo chino. Lógicamente, también aparecían muchos animales propios del imaginario japonés como los yôkai (妖怪).

Uno de los mismos fundadores del estudio Ghibli, Isao Takahata, habló sobre los emakis en una de sus entrevistas:

<<Se trata más bien de una continuidad de la pintura y de la cultura niponas desde la creación de los rollos emaki. (…) Son los predecesores del manga y los dibujos animados. Solo con trazos y colores logran desarrollar un relato dominando la noción del tiempo>>

(Isao Takahata, en el curso de una entrevista en: KOYAMA-RICHARD, Brigitte. Op. cit. p. 233-23)

Los emakis son los precursores del manga, pero no tuvieron especial relevancia entre la sociedad debido al carácter elitista al que estaban sometidos, por lo que la palabra “manga” no aparece hasta mediados del s. XIX para describir un estilo de dibujo concreto.

Varios siglos más tarde, tras el aislamiento del período Tokugawa (1603-1868) y el inicio de la restauración Meiji, Japón retomó e inició en muchos casos, la toma de contacto con potencias extranjeras a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Estos intercambios causaron la introducción de nuevas técnicas típicas de la pintura europea como la perspectiva/punto de fuga y las aplicó a sus producciones más populares como el ukiyo-e(浮世絵).

Las estampas japonesas o ukiyo-e, eran concebidas por y para el pueblo. Se desarrollaron en Edo y en ellas se representaban las escenas que la clase popular demandaba. El artista de ukiyo-e más conocido, Katsushita Hokusai (1760- 1849) sentó las bases del manga que conocemos hoy en día en su publicación “Hokusai Manga”.

Esta obra del “manga” tenía un total de quince volúmenes de pequeño formato que contenían unos trescientos dibujos con tinta china sobre papel que el artista había realizado a lo largo de su vida. Los comenzó en el 1812 a petición de su editor y uno de sus discípulos y los tomos se empezaron a publicar en el 1814. Su publicación finalizó en el 1878, años después de su muerte. Estas pinturas a veces eran esbozos, se presentaban “sueltas”, es decir, eran una mera figura sin contexto con la finalidad de probar de una postura o un escorzo. Aunque muchas otras veces eran un conjunto de pinturas con una línea narrativa.

Esta obra era distinta a todos los estudios que se estaban realizando en el momento de su publicación, así que rápidamente se convirtieron en todo un éxito y en un referente para la nueva generación de dibujantes, tanto que actualmente aún se conservan algunos aspectos como la monocromía.

Se considera que el primer manga profesional moderno es Tagosaku to Mokube no Tokyo Kenbutsu (fig.2),del artista Rakuten Kitazawa(1876-1955). En él se observan las pautas marcadas por Hokusai y también el formato “historieta” típico de los comics occidentales. La influencia occidental sobre los argumentos y el diseño de personajes aumentará a lo largo del s. XIX. Un ejemplo de ello es el cambio en la forma de los ojos.

El manga moderno comenzó a desarrollarse a mediados del s. XX y también surgieron editoriales japonesas que comenzaron a publicar sus propias revistas de mangas.

Figura 2. Tagosaku to Mokube no Tokyo Kenbutsu, 1902

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