Capitales, Nara, Chang´an y Barcelona

La ciudad de Nara puede resultarnos conocida por su atractivo turístico, sus variadas tiendas… ¡y también los ciervos! Sin duda es un lugar que merece la pena visitar. Esta ciudad es muy antigua, y tiene una gran historia detrás.

Lo que hoy conocemos como Nara, se fundó originalmente como Heijōkyō, en el año 710 d.C. Fue la primera capital permanente que tuvo Japón, y se construyó tomando inspiración de Chang’an, capital china durante la Dinastía Tang (618-907 d.C.). Chang’an había sido construida siglos antes bajo la visión de que fuese “la primera gran ciudad de la historia china”, y tenía una distribución en forma de cuadricula que inspiró a diferentes ciudades en Asia. Esta primera ciudad de Chang’an tenía el palacio imperial en el extremo norte, con el resto de la ciudad dividida en largas calles que la atravesaban de norte a sur y de este a oeste.

 

En cuanto a nuestra ciudad, Nara tomó de Chang’an esta misma distribución de cuadrícula, con el palacio imperial situado al norte. Tenía una calle principal llamada avenida suzaku, que recorría la ciudad de norte a sur (unos 4,8 kilómetros) y la dividía en capital este y capital oeste. Tenía diferentes dependencias, como mercados, parques y templos. Incluso tenía canales a los lados de las calles para mejorar la higiene. La capital que después conoceríamos como Nara, tan meticulosamente planificada, se calcula que llegó a alcanzar una población de 100.000 habitantes y fue el centro político y cultural durante varias décadas. Sin embargo, cuando en 784 la capital se trasladó a Nagaoka y en el 794 a Kioto, la antigua capital de Heijōkyō simplemente se abandonó y fue víctima del deterioro. De hecho, al mirar en el mapa lo que hoy es Nara, apenas es reconocible el castillo imperial y un pequeño tramo de la avenida suzaku que se ha reconstruido. Se dice también que un gran ciervo blanco llegó a la recién construida Heijōkyō para defenderla, motivo por el cual se veneran los ciervos de Nara

Toda esta planificación urbanística, tan bien organizada y a tan gran escala, se hizo como una forma de importar la vida política y administrativa china, quien era un gran referente para el Japón de esa época, aunque es cierto que esto ya era una práctica habitual, pues sistemas políticos de Japón como las reformas Taika o el sistema Ritsuryō ya eran de inspiración china.

En nuestro país tenemos otro claro ejemplo de planificación urbanística a gran escala: Barcelona, aunque las condiciones y resultados han sido muy diferentes de la capital japonesa. Este plan para organizar Barcelona fue mucho más posterior, en 1860, el conocido Plan Cerdà. Su distribución y planificación fue muy diferente al de Heijōkyō, y es que las ciudades medievales europeas tenían un trazado desordenado, oscuro y con poca ventilación (por ejemplo el Barrio Gótico).

Este trazado provocaba que hubiera demasiada densidad en las calles, la movilidad fuese complicada, y en periodos de epidemias los contagios aumentaban. Barcelona al principio estaba rodeada por una muralla, pero la insalubridad en los intramuros llevó a desarrollar la ciudad fuera de ellas. Pensando en expandir la ciudad, Ildefons Cerdà planificó una extensión de Barcelona que era 10 veces la Barcelona de ese momento: el Eixample. Calles anchas, manzanas organizadas en cuadrícula y chaflanes para los cruces dieron solución a estos problemas e hicieron de Barcelona un referente urbanístico

Resulta curioso que en dos momentos de la historia tan diferentes se llevaran a cabo proyectos de magnitudes tan grandes, con toda la inversión que ello supone. De igual manera, el mensaje que han dejado para la posteridad es bien diferente. Por un lado, nuestra Barcelona sigue llena de vida, y es un gusto pasear por las calles del Eixample, llenas de tiendas cada cuál más curiosa. Por otro lado, Heijōkyō nos ha dejado su huella y las reconstrucciones de lo que podría haber sido en su día, que nos invita a soñar con su pasado. Aprovechar el día en Nara e ir a visitar este complejo arqueológico puede ser una apuesta muy interesante.

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